
Suicidio juvenil
Carlos Medina Plascencia
México aún no es un país de oportunidades. Las nuevas generaciones de mexicanos luchan día con día contra la falta de empleo y las escasas opciones de continuar sus estudios, ya sea porque el gasto familiar no da para más, o porque los lugares en instituciones de educación pública son insuficientes para los millones de solicitantes.Si de por sí el mundo de los adolescentes es un caso, en nada ayuda su pertenencia a familias disfuncionales ni las relaciones afectivas marcadas por la indiferencia, la conveniencia, el egoísmo. Parece que ya no hay más ilusiones en el mundo de los jóvenes.La misma Organización Mundial de la Salud (OMS) ha señalado que el suicidio es un problema de salud pública que se ha incrementado de manera alarmante en la población juvenil, al convertirse en la quinta causa de muerte entre jóvenes de 15 a 19 años.Además del incremento en la incidencia de los actos suicidas, llama la atención que con cada vez mayor frecuencia no sólo son jóvenes o adolescentes los que piensan en esta alternativa; también hay niños que a muy corta edad ven en el suicidio la solución a sus conflictos y carencias.Según la OMS, la edad se redujo de 16 a 13 años. Tan sólo en el periodo comprendido entre el año 2000 y 2006 se han registrado 12 casos de menores que sin llegar a los 10 años recurrieron al suicidio. Ahí está el suceso que conmovió a la sociedad jalisciense, en 1997, cuando un niño de apenas ocho años decidió quitarse la vida por problemas familiares.¿Cuál podría ser la gravedad de los conflictos de un menor de ocho años? ¿Por qué los jóvenes deciden tomar una medida tan radical como quitarse la vida? La sociedad en la que hoy vivimos es cada día más acelerada, más rápida, cada vez son más las responsabilidades, más las exigencias y muy pocas las motivaciones para continuar la rutina y la frustración más grande.Hoy día no hay oportunidades reales para los jóvenes, los certificados escolares parecen ya no tener validez, los papelitos ya no hablan y mucho menos garantizan un empleo; los planes y metas del futuro cada vez se pintan más lejanos e inalcanzables, las relaciones afectivas cada vez son menos duraderas, las familias se dividen y se destruyen con más facilidad y los padres tienen poco o nada de tiempo para platicar con sus hijos.Los conflictos personales y familiares son más frecuentes, hay más violencia social, carencia de valores y falta de recursos para mantenernos como los mínimos de bienestar humano. En suma, se han destruido las redes de apoyo como la familia, la escuela y la iglesia.En el caso específico de México, el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (Inegi) señala que por cada suicidio logrado, hay otros 10 intentos. Niños menores de 14 años se suicidan, en promedio, cada tres días. En 2005 se registraron 10 casos diarios de suicidio consumado y en lo que va de 2007 se han registrado 210 casos, exceptuando los que, por motivos familiares o incluso religiosos, se han registrado como accidentes.Las estadísticas del Inegi reportan que los intentos suicidas son más frecuentes entre mujeres, pero quienes logran consumarlo con más frecuencia son los hombres, sobre todo porque ellos utilizan medios más violentos, rápidos y eficaces, como las armas de fuego, mientras que ellas lo hacen con sobredosis de medicamentos.Ante este panorama, las autoridades federales y estatales están obligadas a brindar oportunidades reales de educación, empleo y esparcimiento, pero también resulta indispensable crear programas de atención de Salud Mental.Es necesario procurar de manera más incisiva el desarrollo mental, físico y emocional de nuestros jóvenes para identificar aquellos episodios depresivos o momentos de alerta, a fin de prevenir estos lamentables eventos. La grandeza de un país no sólo está en su riqueza, sino en las ilusiones de su pueblo.— México, D.F.
Fuente:http://www.yucatan.com.mx/noticia

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