Esta vez ha sido en un instituto de enseñanza secundaria politécnica en la ciudad de Cleveland, en el estado de Ohio, donde un adolescente de 14 años hirió a cinco personas, dos profesores y tres estudiantes, antes de perder la vida él mismo. La cadena norteamericana CNN le consideraba abatido por la Policía, mientras que la radio local de Cleveland apuntaba la hipótesis de un suicidio.
En el origen de todo podría estar el hecho de que el joven fuera suspendido de ir a clase a principios de esta semana por algún tipo de conducta indebida que no ha sido especificada. Este centro no es de admisión libre y pública sino que hay que pasar controles de acceso para entrar, y de calidad para seguir en él. Los que fueron compañeros del estudiante tirador muestran poca simpatía y poco interés por él y se limitan a calificarlo de «raro». Raro es lo mínimo que podía parecer cuando ayer irrumpió en el instituto con una pistola en cada mano, y empezó a disparar indiscriminadamente.
El hecho de que de momento no haya que lamentar ninguna muerte aparte de la del agresor, y que el número de heridos sea relativamente limitado si se lo compara con el balance de otros tiroteos recientes (en abril hubo 32 muertos en nueve minutos en la Universidad Politécnica de Virginia) se atribuye a las pequeñas dimensiones del instituto. Esto facilitó la rápida generalización de la alarma.
Dentro de las taquillas
Los estudiantes buscaron refugio inmediato en sus armarios y taquillas en cuanto el director del instituto difundió el llamado «código azul» por toda la escuela, un edificio de no más de cuatro plantas. Las aulas se encuentran repartidas por los pisos primero y tercero.
Aun así, el fuego alcanzó a cuatro víctimas, dos profesores de 57 y 42 años de edad, que son los que están ingresados en un estado más grave, y dos estudiantes de 17 y 14 años. Una tercera estudiante también de 14 años resultó herida en una pierna cuando huía para ponerse a salvo pero sin requerir hospitalización, según explicó el alcalde de Cleveland, Frank Jackson.
Ninguno de los jóvenes heridos estaba grave, y uno de ellos no perdió en ningún momento la consciencia, a pesar de ser retirado del escenario de los hechos en ambulancia.
En el origen de todo podría estar el hecho de que el joven fuera suspendido de ir a clase a principios de esta semana por algún tipo de conducta indebida que no ha sido especificada. Este centro no es de admisión libre y pública sino que hay que pasar controles de acceso para entrar, y de calidad para seguir en él. Los que fueron compañeros del estudiante tirador muestran poca simpatía y poco interés por él y se limitan a calificarlo de «raro». Raro es lo mínimo que podía parecer cuando ayer irrumpió en el instituto con una pistola en cada mano, y empezó a disparar indiscriminadamente.
El hecho de que de momento no haya que lamentar ninguna muerte aparte de la del agresor, y que el número de heridos sea relativamente limitado si se lo compara con el balance de otros tiroteos recientes (en abril hubo 32 muertos en nueve minutos en la Universidad Politécnica de Virginia) se atribuye a las pequeñas dimensiones del instituto. Esto facilitó la rápida generalización de la alarma.
Dentro de las taquillas
Los estudiantes buscaron refugio inmediato en sus armarios y taquillas en cuanto el director del instituto difundió el llamado «código azul» por toda la escuela, un edificio de no más de cuatro plantas. Las aulas se encuentran repartidas por los pisos primero y tercero.
Aun así, el fuego alcanzó a cuatro víctimas, dos profesores de 57 y 42 años de edad, que son los que están ingresados en un estado más grave, y dos estudiantes de 17 y 14 años. Una tercera estudiante también de 14 años resultó herida en una pierna cuando huía para ponerse a salvo pero sin requerir hospitalización, según explicó el alcalde de Cleveland, Frank Jackson.
Ninguno de los jóvenes heridos estaba grave, y uno de ellos no perdió en ningún momento la consciencia, a pesar de ser retirado del escenario de los hechos en ambulancia.


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