
San Francisco/ El embate de llamadas por teléfonos celulares, de correos electrónicos y de mensajes instantáneos está interrumpiendo los lapsos de atención y afectando la productividad. Es una queja común. Sin embargo, ahora las mismísimas compañías que ayudaron a crear el torrente están tratando de acabar con él.
Algunas de las firmas de tecnología más grandes, incluidas Microsoft, Intel, Google e IBM, se están uniendo para combatir la sobrecarga de información. Este mes, integraron un grupo sin fines de lucro para investigar el problema, difundirlo y diseñar formas para ayudar a los trabajadores —los suyos y de otras compañías— a hacerle frente al diluvio digital.
Estas medidas se generan ya que hay evidencia estadística y anecdótica creciente de que las mismas herramientas tecnológicas que han conducido a mejorías en la productividad pueden ser contraproducentes si se usan en exceso.
Intel, el gran fabricante de chips encontró, con un estudio interno de ocho meses, que algunos empleados a quienes se alentaba a limitar las interrupciones digitales dijeron que como resultado de ello eran más productivos y creativos.
Intel y otras compañías ya están experimentando soluciones. Unidades reducidas de algunas empresas fomentan entre sus trabajadores que revisen los correos electrónicos con menor frecuencia, que envíen mensajes por grupos con más criterio y que eviten que el sonido de las misivas digitales altere y reordene las listas de cosas por hacer.
Un ingeniero en programación de Google introdujo la Adicción al correo electrónico, una función experimental para el servicio de la compañía que permite que la gente se desconecte de la bandeja de entrada por 15 minutos.
Jonathan Spira, analista en jefe de la firma de investigación Basex y miembro del consejo de administración del grupo nuevo, dijo que las compañías se dieron cuenta de que se enfrentan a un monstruo que crearon. Mencionó la máxima del Valle del Silicón en cuanto a que las compañías deberían “comerse su propio alimento para perros”, con lo que quiso decir que deberían utilizar sus propias innovaciones.
“Se están dando cuenta de que están comiendo demasiado”, dijo Spira.
Muchas personas reconocen de buena gana que se enfrentan —o invitan— a interrupciones continuas, pero los datos que surgen en la balanza del problema pueden resultarles sorprendentes.
El típico empleado de informática que está sentado frente a una computadora todo el día, recurre a su programa de correo electrónico más de 50 veces y utiliza la mensajería instantánea en 77 ocasiones, según una medición de RescueTime, una compañía que analiza los hábitos en el uso de las computadoras. La compañía, que saca los datos de 40,000 personas que tienen software de rastreo en sus máquinas, encontró que los empleados también se detienen, en promedio, en 40 sitios en la Red en el transcurso del día.
La interrupción en la atención tiene un costo: productividad perdida.
Las compañías también se están dando cuenta de que se puede ganar dinero ayudando a las personas a reducir su glotonería digital. Las corporaciones importantes de todo el mundo están buscando formas de evitar que las herramientas del software se conviertan en una distracción, dijo John Tang, un investigador de IBM y miembro del grupo nuevo.
“Hay una ventaja competitiva al idear la forma de abordar este problema”, dijo Tang. Expresó que hay “una cierta cantidad de ironía” en el hecho de que las soluciones provengan de las mismísimas compañías que, para empezar, diseñaron los sistemas digitales.
La introspección en el Valle del Silicón conlleva una actitud defensiva, a juzgar por conversaciones con quienes están involucrados. Las comunicaciones digitales son sacrosantas, herramientas de la revolución, así es que las críticas contra ellas son meramente una vía para pensar en cómo se pueden mejorar. Y, claro, la solución al problema tecnológico es, simplemente, más y mejor tecnología.
Fuera del grupo de trabajo, las compañías que participan, como IBM, ya están diseñando formas para contener el flujo digital.
La función Adicción al correo electrónico en Gmail es más que un mero instrumento. Al hacer clic en el vínculo “Toma un descanso”, la pantalla se vuelve gris y aparece el siguiente mensaje: “Ve a caminar, trabaja realmente o ve por un refrigerio. ¡Regresamos en 15 minutos!”.
Michael Davidson, el ingeniero que creó la función, dijo que se le ocurrió la idea cuando conversaba con unas amistades sobre la tentación constante de revisar el correo electrónico.
“Elaboré la programación de esta función que permite decir: ‘No tengo autocontrol, así es que me gustaría cerrar mi correo por un rato’,” comentó. (Quienes se dan cuenta que son verdaderos adictos pueden hacer trampa pulsando la tecla escape.)
Se está desarrollando una jerga en torno a la sobrecarga informática. Los moradores del Valle del Silicón hablan de “bancarrota del correo electrónico” o retrasarse tanto en responder los mensajes que se hace necesario borrarlos y empezar de nuevo. Otro término relativamente nuevo es “apnea por el correo electrónico”, acuñado por la escritora Linda Stone, y se refiere a la forma en la que las personas retienen la respiración inconscientemente ante el impacto del volumen de mensajes nuevos en sus bandejas de entrada.
Integrantes de la nueva organización, llamada Information Overload Research Group, planean tener su primera reunión en julio en Nueva York.
El grupo tiene planes para buscar soluciones tanto culturales como tecnológicas.
Por su parte, Intel comenzó dos experimentos en septiembre pasado con 300 ingenieros y otros empleados del grupo de diseño de chips con sede en Austin, Texas, y con algunos miembros del equipo en Chandler, Arizona. En el primero, los empleados tuvieron cuatro horas los martes por la mañana durante las que se les exhortó a limitar los contactos tanto digitales como en persona.
Se hicieron letreros laminados que decían: “momento de paz” y se adhirieron a los cubículos. Sin embargo, en unas cuantas semanas, los empleados sintieron que el sistema era demasiado restrictivo, y los letreros parecían de escuela primaria.
Se quitaron los letreros, y algunos empleados empezaron a usar los correos electrónicos, aunque con mayor criterio y más conciencia de sus hábitos, mientras que otros continuaron con el régimen más estricto, dijo Brad Beavers, el gerente de la oficina de Austin.
En una encuesta, casi tres cuartas partes de los participantes dijeron que la rutina del momento de paz debería ampliarse al resto de la compañía.
“Es enorme. Esperábamos menos”, dijo Nathan Zeldes, un ingeniero de Intel que condujo los experimentos, y que ha estado estudiando por décadas el impacto de la tecnología en la productividad. “Cuando a la gente no se le interrumpe, puede estar sentada diseñando chips y pensando realmente”.
En otro experimento, llamado “cero correos electrónicos los viernes”, el objetivo fue alentar a los empleados a preferir las comunicaciones cara a cara. Beavers dijo que les gustó la idea en teoría, pero siguieron enviando correos electrónicos por encontrarlos esenciales.
Sólo 30 por ciento de los empleados respaldó el programa, pero 60 por ciento recomendó su uso más amplio en Intel, con modificaciones.
“Estamos tratando de resolver el problema de que la gente se haga tan adicta a los correos electrónicos que envía uno al otro lado del pasillo, al otro lado de una división, y eso no es nada bueno”, dijo.
Estas medidas se generan ya que hay evidencia estadística y anecdótica creciente de que las mismas herramientas tecnológicas que han conducido a mejorías en la productividad pueden ser contraproducentes si se usan en exceso.
Intel, el gran fabricante de chips encontró, con un estudio interno de ocho meses, que algunos empleados a quienes se alentaba a limitar las interrupciones digitales dijeron que como resultado de ello eran más productivos y creativos.
Intel y otras compañías ya están experimentando soluciones. Unidades reducidas de algunas empresas fomentan entre sus trabajadores que revisen los correos electrónicos con menor frecuencia, que envíen mensajes por grupos con más criterio y que eviten que el sonido de las misivas digitales altere y reordene las listas de cosas por hacer.
Un ingeniero en programación de Google introdujo la Adicción al correo electrónico, una función experimental para el servicio de la compañía que permite que la gente se desconecte de la bandeja de entrada por 15 minutos.
Jonathan Spira, analista en jefe de la firma de investigación Basex y miembro del consejo de administración del grupo nuevo, dijo que las compañías se dieron cuenta de que se enfrentan a un monstruo que crearon. Mencionó la máxima del Valle del Silicón en cuanto a que las compañías deberían “comerse su propio alimento para perros”, con lo que quiso decir que deberían utilizar sus propias innovaciones.
“Se están dando cuenta de que están comiendo demasiado”, dijo Spira.
Muchas personas reconocen de buena gana que se enfrentan —o invitan— a interrupciones continuas, pero los datos que surgen en la balanza del problema pueden resultarles sorprendentes.
El típico empleado de informática que está sentado frente a una computadora todo el día, recurre a su programa de correo electrónico más de 50 veces y utiliza la mensajería instantánea en 77 ocasiones, según una medición de RescueTime, una compañía que analiza los hábitos en el uso de las computadoras. La compañía, que saca los datos de 40,000 personas que tienen software de rastreo en sus máquinas, encontró que los empleados también se detienen, en promedio, en 40 sitios en la Red en el transcurso del día.
La interrupción en la atención tiene un costo: productividad perdida.
Las compañías también se están dando cuenta de que se puede ganar dinero ayudando a las personas a reducir su glotonería digital. Las corporaciones importantes de todo el mundo están buscando formas de evitar que las herramientas del software se conviertan en una distracción, dijo John Tang, un investigador de IBM y miembro del grupo nuevo.
“Hay una ventaja competitiva al idear la forma de abordar este problema”, dijo Tang. Expresó que hay “una cierta cantidad de ironía” en el hecho de que las soluciones provengan de las mismísimas compañías que, para empezar, diseñaron los sistemas digitales.
La introspección en el Valle del Silicón conlleva una actitud defensiva, a juzgar por conversaciones con quienes están involucrados. Las comunicaciones digitales son sacrosantas, herramientas de la revolución, así es que las críticas contra ellas son meramente una vía para pensar en cómo se pueden mejorar. Y, claro, la solución al problema tecnológico es, simplemente, más y mejor tecnología.
Fuera del grupo de trabajo, las compañías que participan, como IBM, ya están diseñando formas para contener el flujo digital.
La función Adicción al correo electrónico en Gmail es más que un mero instrumento. Al hacer clic en el vínculo “Toma un descanso”, la pantalla se vuelve gris y aparece el siguiente mensaje: “Ve a caminar, trabaja realmente o ve por un refrigerio. ¡Regresamos en 15 minutos!”.
Michael Davidson, el ingeniero que creó la función, dijo que se le ocurrió la idea cuando conversaba con unas amistades sobre la tentación constante de revisar el correo electrónico.
“Elaboré la programación de esta función que permite decir: ‘No tengo autocontrol, así es que me gustaría cerrar mi correo por un rato’,” comentó. (Quienes se dan cuenta que son verdaderos adictos pueden hacer trampa pulsando la tecla escape.)
Se está desarrollando una jerga en torno a la sobrecarga informática. Los moradores del Valle del Silicón hablan de “bancarrota del correo electrónico” o retrasarse tanto en responder los mensajes que se hace necesario borrarlos y empezar de nuevo. Otro término relativamente nuevo es “apnea por el correo electrónico”, acuñado por la escritora Linda Stone, y se refiere a la forma en la que las personas retienen la respiración inconscientemente ante el impacto del volumen de mensajes nuevos en sus bandejas de entrada.
Integrantes de la nueva organización, llamada Information Overload Research Group, planean tener su primera reunión en julio en Nueva York.
El grupo tiene planes para buscar soluciones tanto culturales como tecnológicas.
Por su parte, Intel comenzó dos experimentos en septiembre pasado con 300 ingenieros y otros empleados del grupo de diseño de chips con sede en Austin, Texas, y con algunos miembros del equipo en Chandler, Arizona. En el primero, los empleados tuvieron cuatro horas los martes por la mañana durante las que se les exhortó a limitar los contactos tanto digitales como en persona.
Se hicieron letreros laminados que decían: “momento de paz” y se adhirieron a los cubículos. Sin embargo, en unas cuantas semanas, los empleados sintieron que el sistema era demasiado restrictivo, y los letreros parecían de escuela primaria.
Se quitaron los letreros, y algunos empleados empezaron a usar los correos electrónicos, aunque con mayor criterio y más conciencia de sus hábitos, mientras que otros continuaron con el régimen más estricto, dijo Brad Beavers, el gerente de la oficina de Austin.
En una encuesta, casi tres cuartas partes de los participantes dijeron que la rutina del momento de paz debería ampliarse al resto de la compañía.
“Es enorme. Esperábamos menos”, dijo Nathan Zeldes, un ingeniero de Intel que condujo los experimentos, y que ha estado estudiando por décadas el impacto de la tecnología en la productividad. “Cuando a la gente no se le interrumpe, puede estar sentada diseñando chips y pensando realmente”.
En otro experimento, llamado “cero correos electrónicos los viernes”, el objetivo fue alentar a los empleados a preferir las comunicaciones cara a cara. Beavers dijo que les gustó la idea en teoría, pero siguieron enviando correos electrónicos por encontrarlos esenciales.
Sólo 30 por ciento de los empleados respaldó el programa, pero 60 por ciento recomendó su uso más amplio en Intel, con modificaciones.
“Estamos tratando de resolver el problema de que la gente se haga tan adicta a los correos electrónicos que envía uno al otro lado del pasillo, al otro lado de una división, y eso no es nada bueno”, dijo.

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